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Consejos para manejar peleas entre hijos en vacaciones

 

Entre las causas de conflicto están los permisos, la falta de privacidad o, simplemente, deseos de llamar la atención de los adultos

Consejos para manejar peleas entre hijos en vacaciones

El tiempo de descanso de los padres puede convertirse en un tormento si los hijos se dedican a discutir entre ellos. Expertos entregan claves sobre cuándo y cómo intervenir en los conflictos.

Maira Mora

Fecha edición: 16-02-2006
 

Llegar del trabajo y encontrarse con que uno de los hijos tiene el ojo en tinta y el otro está encerrado en su habitación, o aguantar los gritos que provienen del asiento trasero del auto en un viaje de vacaciones puede convertirse en una desagradable rutina durante estas fechas. Y es que si los niños están todo el día juntos en la casa, es bastante probable que los roces y las discusiones entre ellos surjan más a menudo. Ante esta poco auspiciosa perspectiva ¿cómo se pueden manejar las peleas de los hijos?

Trato equitativo y justo

Para evitar una pelea lo mejor es prevenirla, y esto se logra teniendo con los hijos un trato equitativo y justo. Según la sicóloga infanto-juvenil de la Clínica Santa María, Rosa Garrido, no hay que "ser más condescendiente con un niño que con otro, porque eso genera una rivalidad y una rabia que se va a manifestar después por cualquier motivo". De esta forma, los niños zalameros y propensos a "hacer la pata" a los padres no tienen por qué conseguir más cosas que el hermano más tímido o parco.

De la misma forma, los padres deben cuidar sus reacciones ante las peleas, porque muchas veces dicen las cosas de una manera negativa, atacando a los hijos, lo que les genera daño en la autoestima.

La sicóloga Valeria Vergara, también de la Clínica Santa María, afirma que "si un papá le dice a su hijo 'eres un caso perdido', le hace un tremendo daño, porque es como una profecía autocumplida".

Dejar que los ánimos se calmen

Si usted aparece en escena cuando la pelea está en pleno esplendor, hay que separar a los contendores y esperar a que todos se tranquilicen. Los padres deben enseñar a los niños que "si tienen algún problema hay que expresarlo de otra manera, sin golpes ni gritos", sostiene Garrido.

Y agrega que los sentimientos no se pueden dominar, no son legítimos, ni ilegitímos, por lo que si un niño tiene rabia, envidia, o resentimiento, no se trata de algo malo que se deba sofocar, sino que debe encauzar su expresión, encontrando una vía de expresión que no sea la agresión. Hay que explicarle al niño que "si él tiene rabia con su hermano, podría decirle lo que le molesta".

Además deben aprender a controlar su conducta: no porque tengan rabia con alguien le van a tirar arena en los ojos, por ejemplo.

A la hora del castigo

Según la sicóloga Valeria Vergara, "no hay que ser ni estricto, ni muy rígido con los hijos, pero tampoco hay que dejarlos hacer lo que quieran. El equilibrio está en decirles las cosas con cariño, pero con firmeza. Los niños necesitan que se les pongan límites".

Sin embargo, siempre hay que cuidar las palabras que se usan: "Si a mi hijo yo le grito ¡pórtate bien y quédate callado!, él va a estar nervioso y enrabiado y al rato va a responder a esos gritos con un golpe o un portazo", acota la especialista.

En tanto, Rosa Garrido opina que los castigos sólo se deben aplicar "cuando hay una conducta repetitiva después de una advertencia", esto es, si uno ya les dijo que no se griten y ellos insisten en hacerlo. Los castigos deben ser mesurados y estar relacionados con la pérdida de algo que les guste, como que no salgan a jugar a la playa. Otra cosa que está prohibida son las palabras dañinas y los golpes.

Cómo controlar un problema entre adolescentes

Manejar un conflicto entre hijos adolescentes es más difícil, puesto que son más violentos que los que se dan entre niños pequeños y pueden, incluso, llegar a la agresión física.

Según la sicóloga Rosa Garrido, ni los retos ni los sermones sirven de mucho: para frenar una pelea de hijos adolescentes, el sólo hecho de que la situación sea molesta para los padres es argumento suficiente para detenerla. Se trata simplemente de decir "me carga que se estén gritando, o me molesta que se empujen, estoy de vacaciones y no quiero líos, así que párenla porque a mí me molesta".

El que los padres desconozcan la causa de la discusión es una buena estrategia, que evita culpabilizar a algunos de los involucrados y se evita contribuir a generar más rivalidad entre los hermanos.

Una vez que los ánimos están más calmados, es bueno conversar con ellos para averiguar por qué se generó la animosidad, lo que siempre es un sano ejercicio puesto que generalmente "vamos a oír un montón de cosas de las que a lo mejor no nos habíamos dado ni cuenta", afirma la especialista.

Claves para entender los conflictos

1. Las causas

Muchas veces la raíz de una brutal pelea por una muñeca no es el juguete en sí, sino algunas rivalidades por el afecto o atención de los padres que los niños no saben expresar. Puede suceder, dice la sicóloga Rosa Garrido, en casos de niños que tienen hermanos pequeños, o que tienen menos amigos o con menos éxito en algún campo como el deporte: "Puede sentirse menoscabado frente a otro y eso le genera mucha rabia, por lo que está siempre a punto de estallar".

2. Los límites de la tolerancia

¿Cuándo se pasa de una discusión normal a una batalla a campo abierto y sin prisioneros?: lo sabe cada familia, de acuerdo con la intensidad del enfrentamiento y las consecuencias que suelen tener. Por lo mismo, no hay que intervenir siempre, pero sí estar atentos para detectar ese punto en que los padres sienten que la cosa se esá saliendo de su cauce normal.

 

(fuente LaTercera / Tendencias)

 

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